Logopedia: Corrección de las dificultades que afectan a la voz, la articulación, la palabra y el lenguaje oral y escrito mediante técnicas de reeducación.
Etimología: de –logo y –pedia: logo del griego lógo que significa palabra y –pedia también del griego “paideía”, que significa “educación”.
Cerebro y lenguaje
Se considera que el documento escrito más antiguo donde se habla de la patología del lenguaje de origen cerebral se encuentra en el papiro de Edwin Smith, un papiro egipcio (aprox. 3500 años antes de Cristo) donde se describen un total de 48 fracturas.
El caso número 20, describe un paciente que no puede hablar como consecuencia de una fractura a la sien. Alcmeón de Crotona (siglo V a.C.) ya indicaba que el cerebro es el órgano responsable de la sensación y el pensamiento. En el corpus hippocraticum se hace referencia a varios estados clínicos que implican ausencia de lenguaje y la escuela de Galeno enseñaba que las lesiones en la cabeza podían alterar la memoria “de las palabras”. Pero el punto de partida que abriría el paso al estudio sistemático de la anatomía humana y, posteriormente, al conocimiento anatómico detallado de los órganos implicados en el lenguaje, es representado por la obra de Andrea Vesalio, De humani corpóreos fabrica (1543 ).
En el siglo XVII, Descartes todavía consideraba el cerebro como una clase de bomba impulsora de los denominados “espíritus animales”, que circulaban por los nervios dando energía y vitalidad al cuerpo. Se asimilaba así el cerebro y el sistema nervioso al corazón y al sistema circulatorio, es decir, el cerebro y sus ventrículos actuarían de bomba impulsora de los “espíritus animales”, del mismo modo que el corazón actúa de bomba impulsora de la sangre.
Los orígenes de los conocimientos científicos actuales sobre el funcionamiento del cerebro los debemos buscar en la frenologia de Gall, el que a principios del siglo XIX, formuló la teoría, según la cual las capacidades psicológicas y morales de la persona se correlacionan con varias demarcaciones topográficas bien definidas a la superficie craneal, es decir, se podían estudiar las diversas capacidades psicológicas o morales de las personas a partir del estudio de la morfología externa craneal. Esta teoría se difundió ampliamente por el mundo científico de la época, de forma que en el año 1825 era enseñada a la Facultad de Medicina de París, por el profesor Bouillaud.
El año 1861, Paul Broca era el secretario de la Sociedad Antropológica de París. Un enfermo suyo, acogido en el hospital de Bicetre, había perdido desde hacía tiempo la facultad de habla por una lesión cerebral. La autopsia reveló que la lesión, tal y como correspondía según las interpretaciones frenológicas, era sita al lóbulo frontal. Un segundo caso pocos meses después, mostraba unas características parecidas.
En 1874, un autor alemán, Wernicke, describe un paciente con una lesión sita al lóbulo temporal que, pese a poder hablar, no comprende el lenguaje que se le dirige: podríamos decir que se trata de un trastorno homólogo, pero inverso al caso de Broca, el cual parecía entender, pero no podía hablar. Durante estos años, se desveló la iterara de la comunidad científica por el tema y quedaron establecidos los inicios históricos de las bases para la comprensión moderna del funcionamiento cerebral.
Volviendo algo atrás, en 1836 Dax, un médico del sur de Francia, había comunicado a la sociedad médica durante un congreso de medicina de Montpellier que cuando un paciente perdía la facultad de lenguaje por lesión cerebral, esta era sita en el hemisferio cerebral izquierdo. Con esta observación quedaba definida la que hasta la mitad del siglo XX se conoció como la ley “de Dax”, que implica que la facultad del lenguaje es sita en el hemisferio cerebral izquierdo.
En 1877, Kussmaul identificó en los enfermos afásicos el que él denominó la ceguera verbal, que consiste en la incapacidad de leer como consecuencia de una lesión cerebral. Más adelante, el 1887, el profesor Berlín, en Stuttgart, utilizó el término de dislexia refiriéndose a este trastorno.
En 1896, Morgan, en Seaford (Inglaterra), utilizó el término de ceguera “verbal congénita” para referirse al trastorno que presentaba un chico de catorce años del cual decía que habría sido el chico más listo de la escuela si la instrucción se le hubiera dado enteramente por transmisión oral. También el 1896, Kerr, en un ensayo sobre “higiene escolar, sus aspectos psíquicos, morales y mentales” habla de un chico con ceguera verbal que puede deletrear las letras por separado. Hinshelwood, un cirujano ocular de Glasgow, sigue viendo casos de ceguera “verbal congénita” entre el 1896 y el 1902. El 1909 se habían identificado 41 casos.
A partir de aquí, podríamos decir que empieza una fase de análisis y discusión de este trastorno. El 1924, Pert y Pötzl opinan que podría consistir en un trastorno de cariz más bien funcional que no orgánico, considerando que puede ser a causa de una clase de retardo madurativo. Se trataba de los inicios del conocimiento del grupo de trastornos que hoy son denominados con el término genérico de dislexias.
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La oída y la voz
Talmud indica que no se deben confundir una persona sorda y muda con un deficiente intelectual y la escuela de Galeno ya enseñaba la existencia de una relación entre la audición y el habla. [más]